Ciencia del Sobrepeso: La Teoría del Cerebro Egoísta

Un estudio recientemente publicado en Fronteras en Neurogenética parece indicar que la causa de la obesidad no radica sólo en el sedentarismo y el mal manejo de la dieta; sino en un proceso originado por el cerebro.

Un científico alemán especialista en obesidad, el Profesor Doctor Achim Peters ha estado realizando estudios desde 2004 para apoyar su teoría sobre la glucosa en el cerebro y el síndrome metabólico que él llama “cerebro egoísta”.

La teoría no es nueva. Peters la presentó en 1998 en base a varios miles de registros de pacientes con problemas de diabetes o que habían consultado a un endocrinólogo. La novedad radicaba en el enfoque matemático de la teoría.

En síntesis, la teoría dice que el cerebro le da prioridad a sus propias necesidades de energía  cuando asigna un “presupuesto” energético a todo el organismo. Lo hace regulando la concentración de azúcar en la sangre y la utilización de grasa almacenada.

Este proceso cumple dos funciones claves. Por un lado, garantiza el funcionamiento del cerebro y su subsistencia; por otro, mantiene a raya el peso corporal. Cada vez que el cerebro necesita combustible (glucosa), lo obtiene del resto del cuerpo, aunque tenga que provocarle inanición a otros órganos. De ahí lo de egoísta.

Sin embargo, en algunas personas el proceso de asignación de energía a los órganos ocurre de forma defectuosa. En lugar de emplear la energía ya almacenada en el cuerpo, se ingiere más alimento. Lógicamente, en estas condiciones sobrevienen el sobrepeso y la obesidad.

¿Qué hace que el proceso no funcione debidamente?

Aparentemente, el proceso se desvirtúa por una insuficiencia en las áreas del cerebro que controlan el nivel de glucosa y de grasas en la sangre: la amígdala, el hipotálamo y el hipocampo.

Según la teoría, cuando estas áreas funcionan como es debido y el cerebro necesita energía, el individuo no pasa hambre cuando; tampoco tiene antojos, incluso si hay comida abundante a su alcance. Pero cuando dichas áreas funcionan mal poco importa si ya se han acumulado calorías en forma de grasa: se come aunque no haga falta.

La teoría tira por tierra una vieja concepción sobre la supuesta falta de voluntad de los obesos.  Durante mucho tiempo, antes de la propuesta de Achim Peters, prevalecía la idea de que las personas con sobrepeso son perezosas, detestan el esfuerzo físico o han desarrollado hábitos de consumo inadecuado.

Ahora ya sabemos que la voluntad poco tiene que ver. En todo caso, sería la voluntad del cerebro egoísta.

 

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