Perder peso para conseguir llegar a tú peso ideal exige un esfuerzo que en ocasiones puede ser considerable. Es por este motivo que muchas personas, bien sea por tiempo, bien por falta de ganas, acuden a las llamadas “dietas rápidas”, a veces conocidas también como “dietas milagro”.

Pero la pregunta que nos hacemos muchos es ¿funcionan estas dietas?

Las dietas rápidas, como indica su nombre, consiguen una bajada de peso más o menos importante y a corto plazo.

No obstante, esa bajada de peso se debe sobre todo a la pérdida de la masa muscular, dado que prácticamente todas las dietas rápidas se centran en eliminar mucho líquido de forma rápida (por ejemplo, a base de diuréticos y/o con un consumo de calorías muy bajo), por lo que, además de resultar peligroso, esos regímenes “milagro” reducen precisamente lo que deberíamos mantener, que es el músculo.

Dejando de lado sus consecuencias sobre la salud, bastante peligrosas como hemos visto, sometamos a juicio el funcionamiento de las dietas rápidas:

¿Recuperaré peso después de una de estas dietas?

Pues la respuesta a esta pregunta es que sí.

Y decimos que sí por la presencia del efecto rebote (o efecto yo-yo). Explicándolo un poco mejor, el efecto “yo-yo” se basa en las dietas del tipo “semi-ayuno”, o muy bajas en calorías, que lo que provocan en el cuerpo es una tendencia claramente contradictoria en esto de perder peso, promoviendo un incremento en el apetito o un cambio en el metabolismo que nos haga quemar menos grasas. Estos cambios metabólicos hacen que cuando dejamos la dieta el cuerpo empieza a cumular rápidamente de nuevo grasas para crear “reservas” por si vuelven a faltar calorías en el futuro.

Llegamos a la pregunta de oro: ¿cómo sé si una dieta se considera como “rápida”?

Pues la verdad es que no es difícil de ver. Determinados signos demuestran cuando una dieta saludable deja de serlo, entre las más comunes:

–         Dietas que aseguran una pérdida de peso por encima de los 5 o 6 kilos por mes.

 

–         Dietas que se basan en estudios de “renombrados” doctores y/o en descubrimientos de dudosa veracidad.

–         Dietas que prometan perder peso en muy pocas semanas o incluso en algunos días.

–         Dietas anunciadas como “100% seguras”, con “x certificado de calidad del instituto x”.

–         Dietas centradas únicamente (o casi) en un tipo de alimento y/o en un componente alimenticio (como las proteínas).

Y especialmente, uno de los rasgos que comparten todas las dietas milagro es el de la facilidad.

Con estas dietas parece que todo es fácil, hasta en la difícil labor de perder peso, que cualquier persona que se lo haya tomado un poco en serio podrá dar su opinión, todo se puede llevar de forma muy fácil y sin ningún esfuerzo; lo de “perder peso se puede lograr sin esfuerzo” hace décadas que nadie se lo cree.

Por si fuera poco, existen otros dos trastornos que se asocian con frecuencia a las dietas rápidas; tanto la bulimia como la anorexia provienen muchas veces de estos regímenes alimenticios.

En conclusión, perder peso es una dura labor que requiere esfuerzo, sacrificio y control de los alimentos que ingerimos.

Cualquier método o dieta que asegure perder tantos kilos en tan poco tiempo solo resultará un peligro más añadido para nuestra salud, y únicamente va a conseguir resultados a corto plazo.

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